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En Rubio lo apodaban Tulin

Por:  Federico Ruiz Tirado

Si lo observamos bien (a ver: su porte de tachirense altivez, su amago de mirada psicópata, su donaire de “no me toque que planché”, su piel tostada y su semblante algo quebrantado), sin duda que Don Tulio Hernández, uno de los consentidos de El Nacional, y ahora sabemos que del cuñado de Leopoldo López, ese mismo que usted está pensando, el dueño de la casa de Cambio ECONOINVEST -esa pandillita que en nombre de la Cultura hacían sus fechorías-; Hernández Tulio quiere parecerse a Leopoldo López, al menos en esa foto tipo carnet que sale en las redes.. Casi que uno podría decir que son familia (habría que indagar a la Tintori para saber cuán lejos está del clon de su marido). Es más, parecen hermanos, tanto física como ideológicamente. Gestos, ademanes, miradas y, sobre todo, métodos fascistas.

Uno que pensaba que los sociólogos en sus ratos de ocio sacaban crucigramas.

El hasta ayer apoltronado directivo de una entidad bancaria muy conocida en el país y “columnista” tarifado de Otero- Vizcarrondo-Castillo, hijo de la antigua dueña del Teresa Carreño y propietario del Nazional, integrante de otra pandilla que se refugia en dicho diario, terminó siendo un “asesino”.

Las comillas son mías, pero la palabra que yacen dentro de ellas son de él. Asesino confeso, lo dijo, y no se ruborizó al decirlo.

No entiendo por qué la Fiscal General de la República no se ha pronunciado sobre este caso donde el autor intelectual confiesa ser un asesino.

Almelina Carrillo Virguez, de 47 años, es la víctima del sociólogo tachirense. Murió ayer víctima del Método Hernández, para parafrasear a un homólogo suyo de nombre Néstor Rivera Prato.

Tulio es oriundo de Rubio, una población fronteriza. Nacido en el seno de una familia adeca, y por eso, al llegar a Caracas, a estudiar con mucho sacrificio sociología y a encontrarse con el manualismo ilustrado de aquella izquierda que representaba muy bien el MAS de Teodoro, encontró su silletica justo al lado de uno de esos egregios ideólogos del socialismo de arpa, cuatro y maracas.

Tulín, así le decían sus amigos de infancia en la localidad fronteriza, estudió en el colegio María Inmaculada, rodeado de curas dominicos. Hoy se deja colar como un “intelectual” domado por el capital, seducido por la renta petrolera y ese escandaloso defecto del fascismo que impera entre quienes, como él, quieren exterminar el chavismo.

Habrá eso que llaman justicia?