Grito llanero, de @Pegeniev VENEZUELA, C.A.

Por: Pedro Gerardo Nieves

De la seca a La Meca pululan los analistas políticos de cafetín o licorería que, validos de un perruno auditorio y con cara de Luisvicenteleones claman: ¡Aquí lo que hace falta es un gerente! Así arreglan el mundo mientras piden, a la salud y a la cartera del brindón de turno, un marrón bien fuerte y agua mineral, o un tercio mamarrúo de Pilsen de las de botella negra, según sea la ubicación.
Se arregla el mundo en todos los niveles societarios validos del acientífico argumento de la simplificación y la generalización, territorios hace milenios conquistados por el diablo de los yerros y las cagadas.
¡Eso, eso, eso! Hacen con el dedito los interlocutores. ¡Necesitamos un gerente! para que con su vara mágica resuelva los problemas del país porque, al fin y al cabo, si un tipo hace billete con una empresa y tiene una imagen depinga (pagada por supuesto en dólares machacantes a iluminados foráneos), es muy natural que conduzca a un país hacia el éxito.
Y si hay un expedeveco medrando por ahí y escucha la conversación, olvidará sus guisos en la IV República, olvidará que saboteó barcos y sistemas computarizados, que discriminó a los trabajadores mediante odiosas prácticas laborales y que hasta pega loka echó a las cerraduras de las oficinas de la industria petrolera para decir con fingida y tremebunda solemnidad: ¡Así es, compañerito, hay que rescatar la meritocracia!
¡Zuás, PUM!: la palabra mágica.
Ignoran todos, algunos con mala y otros con buena intención que es el sistema el que debe ser cambiado y que los males como son la corrupción, la especulación, el burocratismo, la ineficiencia, el jalabolismo, el nepotismo, el maltrato al usuario, son manifestaciones de la inviabilidad del modelo sobre el cual se opera y que mientras no se cambie, todo seguirá igual de “pior”.
Ni se diga que los males enumerados en modo alguno son prenda exclusiva del gobierno y sus instituciones: por el contrario en la empresa privada, en todos los tamaños, pululan estos vicios con la evidente “ventaja” de que estos no son denunciados por formar parte institucional del modelo corrupto de la clase buchona del rentismo petrolero.
La meritocracia, y más si esta es de hechura criolla, constituye una de las estafas intelectuales donde masivamente caen los incautos: al empresario ladrón de bienes e ideas lo juzgan como genio por su chequera e imagen corporativa; al hijo de papá y mamá enchufao gracias a las relaciones de sus parientes lo mientan “brillante y de vanguardia” y a la meretriz aficionada o el gigoló amateur que reparten ya ustedes saben qué, los ascienden hasta el Olimpo de los ejemplos a seguir.
No mencionan en sus bien diseñados brochures los cadáveres profesionales o políticos víctimas del robo de ideas o bienes, la preferencia por hacer negocios con los familiares y amigos de su misma clase opresora o las frustraciones y fracasos ocasionadas en el espíritu de la gente decente por no querer acostarse con nadie por dinero o poder. Estos serían, para los meritócratas, una suerte de “daños colaterales”.
El “gran gerente” que era Silvio Berlusconi hundió a Italia en un lodazal de inmoralidad pública y privada y Donald Trump se mueve y fracasa para manejar su país como una empresa anclado en sus éxitos como empresario pragmático que no divulga sus muchas quiebras fraudulentes.
En Venezuela los chupasangres de la derecha, con la mano peluda gringa, quieren entronizar al pelucón Mendoza con el poder.
Pero el pueblo venezolano no permitirá, porque dejó de ser pendejo, que conviertan a su Patria en Venezuela, C.A.
Seremos, siempre, la República Bolivariana de Venezuela.