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Grito llanero, de @Pegeniev   Hay que meter la yuca

Por: Pedro Gerardo Nieves

Con profusión criminal circulan masivamente en las redes sociales cadenas que advierten sobre los mortales peligros que entraña el consumo de yuca. Luego de las seudocientíficas explicaciones (que tanto gustan a los laboratorios imperialistas de guerra sucia), los libelos digitales terminan advirtiendo que no se debe consumir yuca amarga y, para evitar vainas, yuca dulce tampoco.
Esa advertencia, con la lectura de la cadena incluida, me la hizo un amigo cuando en 4 patas, muerto de hambre, le entrompaba con fiereza a una vianda de bagre guisado al culantro con bastante mojito, arroz blanco (como el que sólo saben hacer las viejas barinesas) y un rolo grandote, humeante, blanditico y exquisito de yuca.
Pero no me ataranté. Ni me atraganté.
Mientras despachaba con sabrosura la llanera cazuela le expliqué a mi atónito amigo que tenemos al menos 5.000 años comiendo el tubérculo y que nuestra sabiduría, perfeccionada a través milenios, nos había proporcionado la capacidad de discernir entre las distintas variedades de alimentos, su uso, consumo y propiedades. Eso no excluye, por supuesto, que la mala leche genere alguna fatalidad.
También le dije que quien quiera matarse y le dé grima pegarse un tiro, puede envenenarse tranquilamente tomando cocacola y sus sucedáneos; tragando azúcar refinado a diestra y siniestra (que por cierto mata más gente que el cigarrillo), consumiendo trigo cundío del mortal gluten en forma de pastas y bollerías o jartarse diariamente de hamburguesas sintéticas en cualquier cadena de comida rápida. Cualquiera de estas vías le asegurará que caiga como pollo con moquillo en un lapso perentorio: tiesito.
Y mientras miraba cómo mi amigo vertía guasacaca sobre la yuca que acompañaba al tolete de carne de pecho con manteca que le habían servido, expliqué que la yuca, que tiene más de 6.500 variedades, es consumida en el planeta por más de 2.000 millones de personas y, que después del arroz, el trigo y el maíz, es el producto básico más importante.
La yuca, me explicó un viejo loco que tiene la maña de llevar semillas parriba y pabajo como hombre catabre que es, llamado Walterio Lanz, es la planta con más poder generador de biomasa; es decir, cada nutriente absorbido lo convierte en comida para vivir. Ese poder generador de biomasa lo comparte por cierto en el reino animal con nuestra cachama, exquisito pescado llanero sobre el cual se avanza en su cultivo controlado. Así que cada vez que coma cachama con yuca sepa que, además de papearse una sabrosura, valida científica y patrióticamente nuestra soberanía alimentaria.
Sin exagerar, miles de usos tiene la yuca. Además de alimento con infinidad de preparaciones, se usa en adhesivos, para procesamiento de madera y en la fabricación de productos cosméticos, medicinas, textiles, papel, detergentes, combustibles y plásticos biodegradables que se usan en carros, trenes, aviones, barcos y pare de contar. Tan versátil es nuestra yuca que hasta se usa en la explotación petrolera.
Así que la vaina es tal cual la está pensando, camarada. Nuestra yuca es un arma de soberanía de nuestro pueblo, no controlada por los grandes aparatos de producción de alimentos venenosos y contra ella centran toda su inmoral artillería mediática y económica.
Por tal razón lo invitamos a que tome el consejo erótico y patriótico que con todo respeto le damos: dedíquese a meter la yuca al revés y al derecho.