Grito llanero, de @Pegeniev Llaneros cantando y mamando

Por: Pedro Gerardo Nieves

Sólo una pléyade de cantantes y cultores llaneros escapan del asedio insidioso de la pelazón de bola y son todos unos héroes cuando se disponen a componer o interpretar canciones del llano adentro.
Como los demás cultores de eso que llaman imperfectamente “folklore” venezolano, los cantantes llaneros se encuentran más enredados que un gato en un mosquitero debido al ataque de agentes culturales externos, al trasiego inmisericorde de la economía capitalista boyante en el mundo del espectáculo y a acertadas pero insuficientes políticas de los distintos aparatos culturales de la Revolución, porque no hay cama pa`tanta gente.
En nuestras radios y televisoras hace años que nadie le para bolas a las disposiciones que equiparan la producción nacional con la extranjera; no se respeta (ni mucho menos se cobra) la propiedad intelectual de nuestros cantantes y las mafias de cidiceros asiáticos, colombianos o locales hacen estragos lucrándose con la obra de nuestros cantantes.
Y, a pesar que en el llano crecen como la verdolaga los poetas y poetisas que le cantan a nuestra tierra y costumbres, cada vez que algún loco de esos quiere grabar o componer un tema se dan un frentazo con la realidad económica lacerante e injusta: les cobran una pelota e´real por grabar; tienen que salir a pagar billete en rama a los locutores payoleros que en las radios cobran por emitir sus interpretaciones y, si la canción resulta un hit, a la velocidad del rayo irá a engordar a las mafias buchonas de los cidiceros.
Pero, a pesar de todo, y esto es lo maravilloso, la fuerza telúrica de nuestra tierra toma el corazón de nuestros cultores y los pone a cantar para que amemos a nuestra tierra, nos enamoremos, suframos con un amor contrariado o escuchemos épicas en audio de historias del llano adentro, del mismo que tanto amó nuestro Comandante Eterno Hugo Chávez.
Hay que reconocer rotundamente el apoyo que la Revolución Bolivariana, ayer con el coplero Chávez, hoy con el salsoso Nicolás Maduro, le ha otorgado prioritariamente a nuestras expresiones culturales. Incluso otro coplero, Adán Chávez, hoy desde el Ministerio de la Cultura, no dudamos en que sabrá meterle guaya a la reivindicación de lo nuestro.
El enaltecimiento de dichas expresiones culturales ha contribuido no solamente al fomento cultural sino que ha operado como un elemento político-ideológico aglutinador de grandes masas, ayer víctimas y victimarios de los patrones de autodesprecio que pretende implantar el imperialismo en los pueblos. De manera que una política omniabarcadora, que vaya más allá del Estado y penetre en los sistemas culturales fácticos constituye una prioritaria necesidad política.
Esta realidad nos exige imperativamente que pensemos en grande, con sentido estratégico e, incluso, internacional.
¿Podrá ser posible que el Alma Llanera se interprete en La Scala de Milán como lo sueña el maestro Juan Vicente Torrealba? ¿Será que un chino sonreirá de amor en su lejano país al escuchar el rapto de Petra Narcisa, de Jorge Guerrero? ¿Podrá el Rucio Moro de Reinaldo Armas ser melodía cotidiana en Moscú? ¿Se escuchará el grito llanero de El Cubiro para arrear en las faenas de los gauchos argentinos? ¿Reirán las españolas pícaramente mientras joropean El Juego del Araguato, de Santiago Rojas? ¿Querrán ponerse los gringos de Boston un Corazón de Concreto, como lo canta Vitico Castillo?
La respuesta es sí, si asumimos la tarea en grande. Porque arsenal creativo tenemos pa`regalale a Raimundo y todo el mundo.