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Por: Álvaro Samuel.

No hay nada más extraño que lo que llamamos Estado, comenta Álvaro García Linera que el Estado es “la perpetuación y la constante condensación de la contradicción entre la materialidad y la idealidad de la acción política” (leer el libro Democracia, Estado, Nación.). Los estados están siempre en movimiento, pasan por crisis Estatales que pueden desencadenar la formación de un nuevo Estado o el fortalecimiento del vigente.

La tercera etapa de una crisis estatal es C) Renovación o sustitución radical de élites políticas: cuando un nuevo o viejo bloque político toma el poder Estatal y asume la responsabilidad de convertir las demandas sociales en hechos reales y tangibles. En esta etapa los viejos bloques de poder tienen dos opciones para tratar de relegitimar su liderazgo: repensar sus políticas por unas más adecuadas a las necesidades de la sociedad.

La segunda, continuar con sus políticas e intereses económicos y sociales pero de una manera que parezca que es diferente a antes, es decir disfrazando la forma y continuando con el mismo fondo. El segundo es el método más utilizado por las derechas latinoamericanas –la venezolana no escapa a este modelo-. Ha ocurrido con frecuencia que estas fuerzas de derechas en un primer momento de la ruptura trabajan divididas, luego en coaliciones.

Ya en Venezuela se ha vivido un momento de ruptura de relaciones entre una elite política y el pueblo, la llegada de Chávez al poder fue producto de eso, la ineficacia y actos de corrupción cada vez más visibles de los gobiernos de AD y COPEI fueron creando las fisuras que hicieron posible esa ruptura, y es indudable que Chávez las conocía y las utilizó muy bien para empezar a crear un cambio de época, de horizonte para Venezuela.

Las renovaciones de elites políticas conllevan la Construcción de un nuevo Estado, que en el caso de Venezuela empezó con la Constitución de 1999, pero aunque se hagan cambios radicales de un Estado reformista a un Estado revolucionario siempre habrán rezagos del anterior que se mantendrán por largo tiempo y tienen la posibilidad de impartirle oxígeno político a las elites destituidas.

Crear un nuevo Estado revolucionario no es fácil, mantenerlo a flote menos.

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