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Sobre caminantes, revoluciones, felicidades y amores

Por: Eduardo Pérez Viloria.
En estos caminos lejanos de praderas y altas montañas, en los valles formados por los ríos Chama y Albarregas; sigo encontrándome con el desconocido mundo de las realidades. Navegando sobre la cresta de la neblina, perdido en el infinito de la reflexión: recuerdo las enseñanzas de Nietzsche. Toda la razón tenía al afirmar que la soledad, junto a las caminatas continuas, son el medio más eficaz para encontrarnos con nuestro propio ser.
Ser caminantes significa observar a detalle nuestro alrededor; dejar a un lado lo aparente y volvernos uno con las características de lo observado, el medio que lo rodea y su fin más preciado.
¿Cuántos de nosotros realmente ha visto la magia de una sonrisa? ¿Sabes siquiera el verdadero color de tus ojos? ¿O los diferentes tonos color verde de tu camino diario? –Pasamos como si nada, en la nada de lo conocido.
Hablamos mucho de lo mismo. Intentamos entender lo de siempre. Pero las cosas realmente importantes bajan junto al rio, y sólo las piedras sienten su preocupación.
Lejos de ser esto un texto al estilo Coelho –vacío y vulgar- es una reflexión llena de profundas abstracciones filosóficas. Lo que vivimos y estamos dispuestos a morir por la felicidad de todos los homines, saben bien de lo que hablo. Porque las revoluciones no sólo se hacen en la sociedad –entiéndase el conjunto de elementos que la comprenden- sino y más importante aún en las personas. Es decir, si queremos transformar nuestro vasto –sí vasto- universo es necesario eliminar y dejar en el pasado las formas en que actuamos y nos relacionamos como individuos.
Muchos o casi todos los habitante del planeta sabe quién es Marx, unos hablan y practican sus enseñanzas, otros únicamente las hablan, y la mayoría las critican y desaplican como modo de vida. Pero sabían ustedes el amor incondicional existente entre él y Engels: ellos traspasaron fronteras, demostraron que la amistad real es posible, que los pies e ideas de los amigos en las revoluciones se convierten en uno. En las buenas y las malas los camaradas debemos estar unidos, ellos son el mejor ejemplo.
Bolívar amó con locura a su libertadora, Manuelita le supo corresponder, no son casualidades: quien se libera de las cadenas de la esclavitud, ama al prójimo y su patria; simplemente le resta amar con infinito amor.
Por otra parte duele escuchar aquellos pendejos decir “que la vida claramente tiene ratos de felicidad” ¡Noooo! La felicidad está en todas partes, en los ojos de Johanna, la rasca del viernes, en la aguantada de hambre de anoche y las caraotas de este medio día. La vida es felicidad continua, con algunos ratos de arrecheras que son normales: el sistema nos quiere mantener esclavos de las superficialidades más ingratas.
Luchemos por lo real y concreto…
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Y sobre las cosas que hay que reflexionar a fondo, los invito hacerlo sobre el presente escrito. No todo es lo que aparenta. En muchas ocasiones, lo humilde y sencillo, está lleno de complejidades.
Vivamos, amemos, caminemos y seamos felices… yo pues, seguiré mi travesía en estos lugares cercanos.