Teoría y práctica revolucionaria

Por: Eduardo Pérez Viloria

Es moda desde hace algunos años tirársela de izquierda, conocedor e intérprete de las teorías –científicas- marxistas. Varios y muchos más creen que leer la biografía de Karl Marx por Wikipedia, u ojear una súper síntesis de sus conceptos revolucionarios por monagrafía.com; son elementos suficientes para juzgar a otros compañeros de las filas de la revolución: criticamos, juzgamos, pero no enseñamos.

En bien cierto que existen un montón de debilidades ideológicas, que este proceso de liberación nacional y mundial le falta mayores acciones radicales: pero tenemos diecisiete años andando, combatiendo día y noche contra el enemigo, siempre en posición de desventaja, logrando victoria tras victoria.

Por una parte tenemos miles de infiltrados en nuestras filas, por otra cientos de arribistas, y muchas más personas desconocedoras de lo que aquí realmente se quiere. Y aunque a la mayoría le cueste abrir la boca para reconocerlo: ¿Cuantos militantes de izquierda dispuestos a dar la vida por su patria existían antes de la revolución? ¿Cuantos somos ahora? -pregunta para la reflexión.

Pero lo cierto es que las ansias de varios y varias de obtener el Poder para sus fines más personales, han retrasado las cosas. Además el momento histórico en que nos encontramos no permite seguir al pie de la letra los consejos del viejo Marx o Lenín, aunque prefiero algunos de Stalin, debo confesar.

No todos disfrutaron de la dicha de nacer en el seno de un hogar realmente comunista u de otras organizaciones de izquierdas reales. Otros en menos cantidad, contamos con la suerte de la suerte, de encontrarnos en nuestras vidas –es mi caso y desde muy joven- personas con formación intelectual y política casi sobre natural: quienes han sido los maestros más dedicados: ¡Ojala algún día los logre superar! Pero la gran mayoría del pueblo, estaba hundida en la nada, ni esperanza existía en sus mentes y corazones.

Y llegó la revolución traída por la fuerza del viento, agarrando a todos lo que se atravesaran en su camino. Instalados en el Poder –el primer gran paso- comenzamos este proceso de liberación cultural, mental, política, económica, es decir, comenzamos a liberarnos de las cadenas del sistema.

¿Pero es suficiente 17 años para formar políticamente a dos y tres generaciones? La respuesta certera no la tengo; aunque sé que vamos un poco lento, pero vamos por la trocha correcta.

Son varias las primicias que abarcan la comunidad comunista y varios los pasos a seguir; por ello de las primeras lecciones en saber, es que la idea dominante siempre es la idea de la clase dominante ¿Quién domina realmente nuestro país? Otro elemento importante en conocer, es que la toma del Poder por parte proletariado –en nuestra realidad ese proletariado está constituido no sólo por las fuerzas obreras, sino que también por los campesinos, trabajadores en general, y distintos frentes sociales que han sido explotados a través de la historia- es el paso fundamental para transformar la estructura del Estado –medio para la destrucción de la burguesía-. Eliminada la burguesía, con ella dejaran de existir las capas sociales y todo instrumento de dominación social.

En pocas y mucha palabras a la vez: el fin último de la revolución, es la abolición de la propiedad privada, la mente y la cultura.

El marxismo implica mucho estudio y análisis, necesario para poder convertir esas ideas en hechos reales… la practica constante de la dialéctica.

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Volviendo al tema central, muchos de esos “camaradas,” olvidaron la necesidad de enseñar. Pregunto a los altos dirigentes y cuadros medios de esta revolución, al riesgo de parecer ridículo: ¿Cuantos chamos tienes ahí, enseñándole a punta de teoría y práctica lo que es ser revolucionario? –Aclaro, enseñar no es dar un discurso político ni hablar de las hazañas del pasado.

Debo aceptar que me duele cuando juzgan a nuestro hombre Maduro, le acusan de tales barbaridades que la derecha queda corta delante de los comentarios de algunos camaradas de izquierdas. Maduro quien si tiene una trayectoria política revolucionaria bien comprobada, está dándole cochazos parejo al enemigo.

Aunque sí, compro el radicalismo de muchos revolucionarios de los partidos aliados y el mismo PSUV, partido del que formo parte honrosamente. Apoyo la posición de accionar en este momento contra la burguesía y sus más fervientes líderes. Qué más quisiera yo que suprimir a varios opositores, e instalar de una vez por todas las bases fundamentales de la sociedad deseada. Aunque analizando la cuestión –con cabeza fría- debemos tener sumo cuidado ¿No será que el imperio está esperando tiremos la primera piedra? ¿Todos los opositores serán fascista? ¿O son simple marionetas controlados por los medios de comunicación y demás métodos de control social aplicados por los gringos y sionistas?

Sin embargo las condiciones adecuadas para desarrollar la revolución jamás se darán por obra y gracia de la vida; es decir, hagamos lo que tengamos que hacer ¡ahora o nunca! Tenemos toda la fuerza del Estado –de estructura burguesa lamentablemente- para desarticular a los capitalistas y terratenientes, vayamos por ellos.

Lo que no puede pasar por la cabeza de nadie es tratar de pactar con el enemigo: son ellos o nosotros, esos sí nos fusilaran y asesinaran si retomaran el poder. Sin embargo necesito hacer énfasis en algo: una cosa son los explotadores, y otras los pobres pendejos que los respaldan por las razones que sean.

La fuerza principal de la Revolución Bolivariana son las clases populares organizadas: ellas han dado todo, y si los dirigentes no cumplimos nuestro papel fundamental, la revolución podría tener fecha de vencimiento. El pueblo pide mano de hierro, pide dar ese gran salto.

Yo más que nadie sé que nuestro Presidente anhela dar ese gran paso; lo detienen los arribistas, jalabolas, putas, boliburgueses, chavistas de derechas, y las acciones permanentes de la derecha nacional e internacional.

Entonces como revolucionarios que somos debemos apoyar al Tipo. Dejar de acusarlo sin sentido alguno, entendamos la realidad de lo que sucede y caminemos junto a él. Si queremos radicalidad, dejemos de criticar por criticar, apliquemos el concepto Martiano de la crítica: ejercicio del criterio. Demos nuestro punto de vista, con soluciones reales, pero también evaluemos objetivamente la de los compañeros.

Porque es muy fácil decir que algo no funciona, sin dar soluciones concretas y aplicables…

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Señores más acciones y teoría revolucionaria; el enemigo no está jugando, sólo unidos saldremos victoriosos.

Y parafraseando las palabras del viejo comunista Josef, “dios no es injusto, sino que en realidad no existe. Hemos sido engañados. Si Dios existiera, habría hecho el mundo más justo”. Es decir, o nos rescatamos nosotros mismos del calvario, o no habrá nada que logre preservar a la humanidad.