Crónica viva: Niños y niñas de Brisas del Río en el Museo de Los Llanos y Parque La Federación

Por: Alvaro Samuel

I
A las orillas del antiguamente caudaloso río Santo Domingo, eterno representante del Estado Barinas, se encuentra la Base de Misiones Brisa del Río, un espacio de esparcimiento cultural para niños, jóvenes, adultos y adultos mayores. Las niñas y niños el jueves 22 de septiembre 2016 despertaron a las madres a las seis de la mañana para que les hicieran el desayuno, se acercaban a cada rato a la base buscando a cualquier animador de la Misión Cultura, ¿Y por qué tanto movimiento en un día de vacaciones? Tendrían un paseo al Museo de los Llanos y al Parque La Federación.
Hasta las ocho y media de la mañana pocos se habían acercado, y yo me encontraba preocupado porque estaba por llegar el autobús del Instituto Autónomo de Cultura del Estado Barinas (IACEB), cuando se escuchó a los lejos la música que las niñas y niños del animador Hilario Méndez le sacan a las flautas y cuatros, al igual que el maestro Méndez sus estudiantes no salen de sus casas sin sus instrumentos, parece que estuvieran pegados a sus manos. Ah me emocione cuando los vi, me dije: “bueno, ya llegaron la mitad de los niños”.
El resto de las niñas y niños fueron llegando poco a poco, algunos con sus mejores pantalones y zapatos, otros con las bermudas, camisas y cholas de uso diario, pero todos con la misma pregunta en sus labios: “¿Profe a qué hora llega el bus?” y la misma respuesta para todos: “Ya viene llegando”. A un cuarto para las nueve de la mañana ya estábamos montados en el autobús, las niñas y niños pequeños sentados con sus hermanos mayores, que no es sean muy grandes, pero cuidando de sus hermanitas y hermanitos se hacen gigantes y hermosos. Durante el camino los de música siempre tocando, siempre practicando y las de danza conversando con su profesora María.
II
Cuando un museo es visitado por niñas y niños cobra vida, el silencio corre despavorido ante sus voces y sus risas, niñas y niños pequeños caminaban agarrados de las manos de los hermanos mayores, las miradas de asombro invadían sus rostros al ver las muestras de pinturas y piezas que se presentaban a sus ojos. Yumeli Solórzano la guía del museo explicaba de forma pedagógica cada cuadro y pieza a los niños, y había que estar presente cuando le regalaron a cada uno un tríptico de la exposiciones del museo, rodearon a la pobre Yumeli, casi la tiran al piso.
Abandonamos el museo dejando en el aire el aroma a vida nueva, a asombro, a risas que solo pueden dejar los niños cuando son felices. El parque La Federación que se encuentra a una cuadra de distancia seria nuestro destino, había que tenerle el ojo puesto a los treinta y cinco niñas y niños, querían correr, saltar, jugar y ver los animales, al impregnarse de su derroche de alegría me daban ganas de volver a ser niño.
III
Los morrocoy (tortugas) y peces que viven en el lago artificial eran una fiesta, los niños buscaban con la mirada cual era el más grande y decían: “aquella es la mamá y estos los hijos”, los monos y loros también les robaron risas, es que las niñas y niños de Brisa del Río son ricos en inocencia, y no importa que estén con bermudas y chancletas sucias, ante los ojos de los animadores de la Misión Cultura son los soles más hermosos que puede uno ver.
Los columpios, el sube y baja, los caballitos y los castillos eran una cita obligada, y como no dejarlos jugar si desde la salida de la base era de lo único que hablaban, hasta los más grandes se dejaban de prejuicios y se ponían a jugar con sus compañeros. Los más grandes empujaban a los pequeños en el columpio, y los empujaban fuerte, intercalándose porque no había suficientes columpios en el parque para treinta y cinco inocencias que también se persiguieron en el castillo y se lanzaban uno tras otro por el tobogán y se volvían a subir y lanzar, nosotros los animadores solo viéndolos tratando de no perder a ninguno de vista, por todos lados nos llamaban y decían: “profe venga, móntense”.
Después de un largo rato y con mucho dolor los separamos de la diversión, había que regresar a la base. Hay palabras que no se me podrán borrar del alma, como la que me dijo una de las niñas más pequeñas antes de irnos: “gracias profe, es la primera vez que vengo a este parque”.
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