Grito llanero, de @Pegeniev HDP

Por: Pedro Gerardo Nieves

Mucho pensé en cómo titular, pero cualquier sinónimo se quedaba corto, o era remilgoso. No lograría dar la pedrada gráfica que captaría su atención y lo hiciera leer este indignado texto que habla de miserias humanas organizadas maquiavélicamente y sí, de hijos de puta.
No de dulces putitas tristes que conquistan a otoñales viejitos, como en el cuento del Gabo, sino de una cloaca colombiana que ofende con sus contenidos a nuestro pueblo para satisfacer a sus amos gringos que exigen hoy día mierda y más mierda propagandística para construir el artificioso expediente de Venezuela como Estado forajido y fallido, sumido en una apocalíptica catástrofe humanitaria.
El canal colombiano Caracol TV, nacido y expandido voluminosamente con los dineros del narcotráfico, vocero dilecto de la narcooligarquía paramilitar, saca a la calle un “trabajo” audiovisual que, si no estuviera tan bien estructurado como operación sicológica, merecería tan sólo nuestras náuseas.
Dicho programa tiene como nombre “Prostitución en la frontera: el drama de las venezolanas acorraladas por la crisis”, y lo subtitula un texto que deja claro por dónde van los tiros, para que no quede duda al alienado y morboso televidente que los consuma: “Así es la vida cotidiana de estas mujeres que, después de trabajar, realizan un peligroso recorrido para ir a su país y llevarles a su familia dinero, comida y medicamentos”. Y “la tapa” del programa, no tiene desperdicio: “Revolución Prostituida”.
Abre el programa un plastificado personaje, como acostumbra la tv colombiana a proyectar a sus “serios” conductores, que inicia con datos falsos del proceso político venezolano y anuncia, para festín de multitudes, el contenido abyecto de dicha lata de miasma.
Se trata de Manuel Teodoro Bermúdez, un periodista estadounidense de ancestros colombianos que se avecinó en tierras neogranadinas después de haber sido soldado en la marina estadounidense y tener una oscura carrera como difamador de oficio que le ha costado no pocos líos judiciales. Como pareja tiene a la francotiradora comunicacional María Lucía Fernández, una dama acusada de arpía tristemente célebre por desalojar de su casa a la anciana María Antonia Daza López, quien cuidó de su madre hasta su muerte.
Así, el dúo de la calumnia inicia la puesta en escena del libelo audiovisual, no sin recalcar la “revolución prostituida” y dejar sentado que la prostitución en Colombia “genera más plata que en Venezuela”.
El personaje central es una dama que se dice médica de profesión en el Zulia que, “por no ser chavista”, termina despedida de su trabajo y se ve obligada a prostituirse en el lado colombiano de la frontera.
Truculencia, menores de edad y una puesta en escena muy elaborada, con tomas internas de burdeles y alto despliegue técnico completan la macabra propaganda antinacional, cuyo guión es diseñado indudablemente por especialistas.
Resuena la frase de la periodista conductora del docu-drama: “Trabajar de prostituta en Colombia, para una venezolana es como ganarse la lotería”.
Unas venden su cuerpo y argumentan sus razones para hacerlo; otros recrean su drama, lo amplifican y lo convierten sin misericordia en basura propagandística al servicio de un imperio que no perdona la soberanía y la autodeterminación de un pueblo. Estos son los verdaderos hijos de puta.