Misteriosa dama de figura desconocida

Por: Eduardo Pérez Viloria

I

Hoy quise escribir sobre los sueños y sin más que pensar puse la musa a volar. Di rienda suelta a la tinta y cabalgue sobre las pretensiones de mí andar…

En cierta Plaza Bolívar de gentes pocos cuerdas, seres de espíritus libres sin ataduras sociales; inicie a transcribir el presente artículo. ¡Notas, que denotan notables notas!

Desde mucho más joven de lo que soy mi ilusión y pasión ha sido -y es- la revolución bolivariana. Quien soy se lo debo a esa misteriosa a la cual solo le conocemos el nombre, aciertos, desaciertos, aventuras y desventuras. No tiene rostro ni forma definible: pero muchos moriríamos y vivimos (realmente) por ella.

Revolución bendita de flores y colores… revolución que crea futuro, nos llenas de fe, y abre esperanzas en el mundo de tinieblas que habitamos.

II

Salí de mi zona de confort para conocer otras realidades – dejando detrás las mías. Y entre mas ando en este caminar de letras, música, arte, política… entre mas ando con otra gente: más me enamoro de ti esplendida revolución.

Seguiré contigo, cambiando el todo del todo, los caminos de tierra y piedra.

¡Pero ojo! Para voltear el todo, para ayudar a nuestros semejantes, apuñalar y asesinar el sistema; primero debemos encontrarnos nosotros mismos. Revolucionémonos, cambiemos, dejemos esos preceptos que nos hacen “felices”: encontrémonos realmente. ¡No se trata de entender nuestro entorno ni el mundo, se trata de transfigurarlo realmente!

III

Y tú figura desconocida, no te preocupes, jamás estarás sola. Somos millones lo que estamos hipnotizados de tus ojos deslucidos, seguiremos construyendo hazañas para ganar tu corazón.

Sobre mi caballo desbocado estamos en lucha, por las lucha de este mundo…