Grito llanero, de @Pegeniev JUVENTUD

Por: Pedro Gerardo Nieves

“No puede haber un juventud revolucionaria que no le miente la madre a nadie ni manifieste indignada su inconformidad con las prácticas de nosotros los viejos”, me decía mi pana el dirigente de 70 años, cuya juventud intelectual se manifestaba siempre en una proverbial lucidez.
Porque, aunque ya sea un tópico, conocemos viejos de 20 años y jóvenes de 80 cuya condición revolucionaria no está definida etariamente sino por la rebeldía con que le entrompan a la sociedad y a sus (des)órdenes.
¿Cree que el mundo está bien como es? Es usted un viejo sin importar su edad. ¿Cree que es necesario y urgente salir a cambiarlo pensando en el ser humano y su ambiente? Es usted un chamo.
Ya mencionamos una cualidad intrínseca a todo joven: la rebeldía. Pero ¿qué tipo de rebeldía? ¿Y contra qué será enfocada? La rebeldía sin porqué y sin un fin societario elevado es una fatuidad prescindible.
Gene Sharp, el tenebroso estudioso que diseñó manuales para construir “revoluciones capitalistas”, da cuenta en sus obras que experimentos con monos entrenados para obedecer bajo el patrón de la recompensa y castigo validaron que algunos primates se negaban a entrar en dicho juego. Aún si la actitud rebelde significaba perder la golosina, algunos monitos, los más jóvenes, se insubordinaban contra ese estatus de sometimiento y se negaban a cumplir las órdenes.
Sobre esta base de “rebeldía biológica juvenil” Sharp diseñó su obra de manipulación de la sociedad para asegurar que el capitalismo controlara políticamente el poder en el ejercicio obsequioso de una imperial “pax romana”.
Previamente, y desde la otra acera, un científico del socialismo y la vida, médico y mártir, Salvador Allende, dijo que “Ser joven y no ser revolucionario es una contradicción hasta biológica”.
De manera que es la juventud una etapa vital donde se libra un cruento combate entre la justicia y la injusticia. Nace con cada niño o niña, con cada nuevo ser humano, la promesa de un mundo mejor, pero muchas veces esta sucumbe ante las realidades del poder y sus terribles aparatos de control.
Dosis invasivas de narcóticos propagandísticos son lanzadas sin misericordia sobre nuestra juventud, envueltas en el celofán bello de la vanidad, la estética y el individualismo elevado a su enésima potencia. Porque siendo el individuo joven una esponja para captar contenidos, el imperialismo se los sirve en fast food cultural para que lo metabolicen, lo asuman, y lo conviertan en diarrea cultural de individuos alienados que construyen sociedades deshumanizadas de plástico y oropel.
Nos dice Lenín, refiriéndose al papel de la juventud comunista, que esta tiene necesariamente que asumir el reto formidable que engloba una sola palabra: aprender.
Aprender de lo útil que nos ha traído el acervo histórico del conocimiento científico hasta ahora, desechar lo que sirve para perpetuar el sometimiento y la explotación de unos seres humanos por otros, terminar de derrumbar las ruinas de la edificación de la burguesía y aplicar el socialismo como ciencia en el arte difícil que es vivir mejorando al mundo.
Al saludar por su aniversario a la aguerrida promesa de creatividad, rebeldía y revolución que es nuestra Juventud del Partido Socialista Unido de Venezuela, estamos persuadidos que pueden gritar con el Comandante Argimiro Gabaldón: “Somos la vida y la alegría, en tremenda lucha contra la tristeza y la muerte”.