Grito llanero, de @Pegeniev 01SEP2016

Por: Pedro Gerardo Nieves

A lo Jalisco, que si no gana arrebata, la Mesa de la Unidad Democrática convoca a la Marcha de Caracas, o a La Toma de Caracas, o a La Toma del Poder. O mejor dicho, al Golpe de Estado.
Descuchufletados, sin gasolina, sin aceite y sin motor, en 4 bloques y con el humeante capó levantado, revientan el celular de Almagro para pedirle declaraciones, pronunciamientos, diatribas y hasta mentadas de madre contra los venezolanos.
Otro tanto piden a sus CEO gringos, quienes disimuladamente arrugan y botan los informes de sus thinks thanks donde dicen que el revocatorio se desinfló, que las elecciones de gobernadores no van este año y que las masas, justificadamente disgustadas, también están profundamente ladilladas de todo lo que huela a graznidos opositores.
Que, en pocas palabras, han perdido el chivo, el mecate y el conuco, por andar de pajúos. Que las tripas afuera de la victoria legislativa mal administrada se vuelve contra ellos porque la estafa política montada no aguantó la prueba de la verdad.
Pero no pierden las esperanzas. De madrugada, cuando nadie los ve, leen a Lenín para estudiar cómo meterle la chispa insurreccional al descontento; cómo convertirse en líderes populares sin que jamás les haya importado el pueblo y cómo capitalizar maquiavélicamente algunas condiciones que evidencian los fenómenos políticos.
Pero no. No aparece Dios ni el diablo en una máquina justiciera y destructora que los salve de una debacle moral y política. Ya en el umbral de la desesperanza, gritan: ¡Y ahora: ¿Quién podrá ayudarnos?! Y se responden con el cerebro fundido por el esfuerzo: ¡Eureka! Lo conseguimos.
Van y vienen los correos electrónicos encriptados. Van y vienen también las llamadas telefónicas desde aparatos indetectables. Son todo o parte de una tenebrosa reedición revisada y corregida del Golpe de Carmona Estanga.
Porque, agotada la vía “pacífica, democrática y electoral” que han cacareado los opositores, se decantan (¡cuándo no!) por el expediente violento porque el guaral no da pa´más.
Así, pautan los estrategas de cafetín sifrino una gran manifestación de calle; o una más o menos, o una pequeña bien amuñuñada que, con las fotos convenientes y el retoque digital adecuado, sea despachada y replicada por todos los medios de comunicación fascistoides del mundo.
Disponen también el emplazamiento de choros, paracos y otros animales de monte en alturas para darle un pepazo a cualquier cristiano que tenga la mala suerte de servir de carne de cañón, porque, como lo dice la conseja clásica fascista: Necesitamos un muerto (ó 2, ó 10, ó 100, ó 1.000).
Sueñan con una pantalla dividida: por un lado ven a un mandatario dirigiéndose al país; por el otro ven a la gente cayendo como pollos con moquillo víctimas de las balas fascistas que en lo inmediato serán achacadas al rrrréeeegimen.
Ven a un gobierno en desbandada: huyendo, presos o escondiéndose. Ordenan el aprovisionamiento burreao de comiquitas y programas chimbos para transmitir sin noticias de violencia mientras se habla de “nuevo gobierno y país en calma”. Cuadran con los medios de comunicación, los que se recuestan al mejor postor, y les dicen frotándose la manos: “Eso tá listo”.´
Sólo les queda un detalle, sobre el cual se han generado once mil discusiones y madrugonazos. Luego de proclamar al “nuevo presidente provisional”; de abolir todos los poderes y pasarse por el forro a todas las leyes (sobre todo las que protegen al pueblo); se preguntan: ¿Qué hacemos con el cuadro de Simón Bolívar?
Quieren repetir la tragedia del Carmonazo, pero no llegarán ni siquiera a vodevil.