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VII Bienal Orlando Araujo: Entre poetas, puñales y pajarillas

Por: Eduardo Pérez Viloria
I
Y una vez más las letras madrugaron y vistieron de gala para honrar la palabra de ese hombre nacido en el piedemonte andino; quien a lo largo de su vida viajó junto al viento y entregó al libro del universo las más bonitas hazañas de su pensar.
Orlando Araujo, quien nació un 14 de agosto de 1928, bajo el celaje de la noche de su pueblo natal Calderas -estado Barinas- durante todo el recorrer de su reloj de vida se acobijó con las múltiples voces del verbo para expresar los deseos más recónditos de su alma bohemia.
Él, que nació entre las verdes figuras de la divinidad, el cantar de la brisa, y el correr indetenible de las aguas más puras del Olimpo, sabía más que nadie la necesidad de luchar por la liberación del espíritu. Combatió por esas cosas que al parecer son “insignificantes”, convirtió en luz la oscuridad, la fealdad en belleza… y el sufrimiento en humanidad.

II
Es por ello que nos fuimos a la montaña: a conmemorar un año más de su vida. Agarramos el morral, un autobús; comenzamos a subir para perdernos en la inmensidad del paraíso terrenal. Luego de rodar dos horas, de filosofar una que otras cosas ¡oh! estaba allí en Calderas, la tierra de Orlando, de don Evelio Moreno, Alexis Liendo y sus hermosas flores. En tierra dominada por los colores espectrales del arcoiris, montañas y gente buena.
Tierra antigua, que algún momento el tiempo olvidó…
Instalado ya, nos fuimos a recorrer el pueblo, a conocer sus calles de piedra, la casa donde el homenajeado vivió su infancia, la quebrada de al frente, visitamos el río imponente que tanto inspiró al Orlando Poeta. Y pues también – y muy necesario- el botiquín donde el hombre pasaba horas sumergido en los vapores de los tragos benditos.
En la Plaza Bolívar asistimos a la presentación de algunos libros de poetas barineses: Patricio Terán, Naylet Sierra, Avelino Moreno, Roque Graterol. Más tarde junto a poetas de todo el país participamos en el recital de poesía a dos voces (Poemas de Orlando Araujo y Ramón Palomares –también homenajeado). Ahí en el recital escuche la voz de ella: una Esmeralda hecha mujer. ¡Que profundo resplandecer!
El cierre de esa noche -la del viernes- culminó con el cantar magistral de los hermanos Colina. Ellos son voces y cuerdas forjadoras de almas de cristales y corazón de seda. Son paz, alegrías y sueños, ellos son el arte convertida en carne para transitar por este mundo pasajero.
Y ya que lo tengo en la punta de la lengua,no puedo dejar de nombrar y además de agradecer al borrachito del pueblo, quien tarareó y sintió cada poema leído y cada canción entonada.
III
El sábado tempranito, y dejando un animalito oculto, fuimos a la bajada de Careto y Pablote: personajes históricos del pueblo y de los escritos de Orlando. Como Compañeros de Viaje partimos a las comunidades aledañas al pueblo a llevar el fantasma de la palabra. Arrancamos a la comunidad de La Cuchilla el General Pedro, Leonardo y Mariana Ruiz y Hugo Rojas. Situados y con el aguardiente de la poesía corriendo por nuestras venas, todos fuimos uno por Orlando Araujo y Ramón Palomares.
Regresando al pueblo la energía eléctrica se tomó un descanso de varias horas y la lluvia decidió acompañarnos. La luna, quen estaba en cuarto creciente, nos miraba de refilón ya que conversaba amenamente con el cerro que estaba más cerca de ella. Desde el balcón de una posada, dándoles una que otras serenatas a las muchachas presentes. El tiempo al parecer también se tomó su tiempo: justo en ese instante conocí el verdadero significado de la palabra felicidad.

IV
El domingo tempranito, abriendo las puertas de las nostalgias asistimos al tributo de Wladimir Ruiz, donde su hijo Raúl y el General de las letras Pedro, hablaron de sus obras bibliográficas y su recorrer revolucionario. Además estuvimos presentes en el conversatorio “Vidas Paralelas: Orlando Araujo y Ramón Palomares”; con los Poetas Luis Alberto Angulo, Leonardo Ruiz, Blas Perozo Naveda.
Horas más tardes la presentación del libro del cantautor y poeta Israel Colina -Crepitaciones, por parte de Ana María Oviedo, pieza fundamental para la organización de la Bienal. Siguieron los cantares, la poesía, el baile, continuó el arte siendo la voz más imponente en esos días de dulzura.
En la casa de lo la familia Liendo, junto a la Piedra del Patio, compartimos serenatas, palabras hechas de amor, sentimientos puros. De bajada a la posada sintiendo el abrazo de la noche y los celos de la brisa, saldamos una cuenta infinita en la pollera donde nunca hubo pollos.
Seguimos caminando, caminando, caminando… mis pensamientos siguen allá en esa Bienal. Siento que ahí quedé para toda las vida de mi vida, en ese camino sin rumbo, agarrado de la manos de Orlando, Palomares y Wladimir.
Después de lo narrado, de varias cartas de amor, de los abrazos de Felicia, de picos rogados, de constantes peleas para asesinar al animalito. Sólo queda agradecer la invitación, las nuevas amistades, los buenos momentos; y la suerte de que mi pajarilla no se encontrara con un puñal despechado.

¡Que vivan las Letras!
¡Que viva Orlando!