¡La voluntad de las letras!

Por: Eduardo Pérez Viloria

Intentando descubrir el libro del universo, filosofando sobre tantas cosas, me siento en la penumbra de la noche, junto a mi única compañía: fiel sombra quien siempre me acompaña. A lo lejos vislumbro la silueta de la brisa que anda rápido y molesta con el tiempo.

Ansío, al igual que muchos otros, erradicar las miserias del sistema y sus lacayos y las letras son mis armas más letales. Un ejército invisible de hombres y mujeres entregados al arte de la palabra intentamos combatir la fuerza de la ignorancia y las mentiras que empequeñecen nuestro andar.

¿Pero es suficiente con escribir? ¿Hemos avanzado en algo mediante el arte de la palabra? ¿Cuántos aprecian nuestro arte? ¿Valen la pena las noches de desvelo?

Estas demás decir, que gracias a la escritura, la evolución del hombre cogió rumbo y dio paso a la civilización que hoy conocemos. Podemos asegurar entonces, que ¡Sí! las letras y el arte en general son la única vía para sacar a la humanidad de la penumbra.

Aunque hay que aclarar que no se trata de escribir “bonito” con tono poético, respetando las cuadradas normas redacción; no se trata de suplantar las realidades por ficciones que le gusten al público. Hace varias generaciones muchos escritores perdieron su esencia, el poder de la palabra quedó fusilado.

La mayoría de quienes vivimos del escribir (respetando la complejidad y estilo de cada género) magnificamos los textos, discurrimos las reflexiones sobre vainas “arrechísimas” que casi nadie entiende. ¡Ya ni nos leen! ¿Y dónde dejamos lo diario? ¿Lo que realmente siente el tipo del barrio? ¿El campesino y su familia tienen o no derecho que le escribamos a ellos? ¿El chamo menor de edad que roba en la esquina no tiene derecho que escribamos para él también?. Esas son algunas interrogantes que uno se plantea en este devenir de emociones.

Hablar de la felicidad por ejemplo; ¿cuántos de nosotros se ha dicho a sí mismo infeliz? ¿Cuántos de nosotros sabe qué es felicidad? ¿Será felicidad un carro nuevo? ¿O tener varias parejas al mismo tiempo? ¿Quizás sea ser rico o cristiano? Felicidad, es el fin último de esto que hemos llamamos revolución de la humanidad. Que no es más que lograr la paz interna, alcanzar la unión del espíritu con tu voluntad: es regirnos por nuestras normas internas, y no por los preceptos impuestos por lo demás. La felicidad no es efímera, es eterna y está por donde quieras. ¡Así de sencilla es la vida!

Marchemos felices entonces, por este infinito universo de los desconocido, entreguémonos amantes de las letras a los brazos de lo habitual -más no de lo común- las pequeñas cosas del día a día es lo que debemos llevarle al pueblo.

La escritura debe ser como una rosa: deseada, esbelta, delicada, pero al alcance de todos. La escritura es paz y amor, pero también es una herramienta indispensable para erradicar los males del mundo.

Vayamos pues a predicar la palabra, a predicar que pronto saldremos de las tinieblas, y que en el mundo ya no habrá caos: porque el socialismo, el comunismo, en fin el marxismo, saldrá victorioso en esta batalla final.

Y me despido con el corazón contento, satisfacción en el alma… porque las letras son eso: satisfacción plena. ¡Ellas vivirán eternamente! Las letras que danzan en el corazón.